Para muchos, hablar del color negro es hablar de alta costura, y por extensión, de Chanel y de la moda francesa. Y sin embargo, la fiebre por este color vino de España, donde sus diseñadores lo están reinterpretando.

Tal es la conclusión que ofrece al visitante una exposición en curso en Madrid, y que explora la influencia de las tradiciones españolas en la moda mundial.

"Es un momento muy importante (para España), con diseñadores como Palomo Spain, como Leandro Cano, ManéMané, que están recuperando la posición española en cuanto a la moda", cuenta el curador de la exposición, Raúl Marina. "Están volviendo a ser escuchados a nivel internacional. Los jóvenes diseñadores están volviendo a hacer ruido, además a través de una inspiración totalmente española", añade.

El negro, el verdugado y el guardainfante

Durante siglos, el negro fue un color difícil de llevar. Después de varios lavados, o por el uso, el tono perdía lustre y tornaba al gris o el marrón. Esto cambió en Europa cuando los españoles conquistaron México en el siglo XVI y descubrieron allí un árbol llamado Palo de Campeche. Y es que con su madera se podía fabricar un tinte negro intenso y duradero.

El emperador Felipe II lo adoptó como símbolo de su inmenso poder, y la moda no tardó en extenderse.

"La corte de los Austrias fue un referente para todos sus homólogas europeas, al igual que su austero vestido de color negro, que se convertiría en expresión de la máxima elegancia", escribe en el catálogo de la exposición Amalia Descalzo, experta en historia de la moda en la española ISEM Fashion Business School.

Y así ha seguido siendo. Quizás la herencia más célebre de esta moda es el vestido negro lanzado por Coco Chanel en los años 1920, que estableció una tendencia tan popular que ahora cuenta con sus propias iniciales en inglés, LBD (Little Black Dress). Por su lado, modistos españoles como Cristóbal Balenciaga o Mariano Fortuny han adoptado el negro en sus creaciones, algunas de las cuales pueden apreciarse en la exposición en el Canal de Isabel II, en Madrid. De la España del siglo XVI salió también el "verdugado", una estructura para ser llevada bajo la falda y darle realce, que luego se extendió por toda Europa.

Más adelante, España lanzó otra tendencia más, el "guardainfante", un armazón de aros de metal o mimbre que se coloca alrededor de la cintura, y permite desplegar todo el volumen de la falda.

"Se decía que disimulaba el embarazo de las damas", apunta Raúl Marina. El "guardainfante" sería inmortalizado por Diego Velázquez en su cuadro "Las meninas". Una influencia que puede apreciarse, en la exposición, en el vestido de terciopelo amarillo del diseñador Juanjo Oliva.

Bullfighting, flamenco

Al negro se suman otras dos tradiciones arquetípicas exportadas por la cultura española: el flamenco y la tauromaquia, cuya influencia puede comprobarse en la exposición.

Ahí está por ejemplo el vestido largo de noche de Givenchy, que emula la chaquetilla de los toreros con un terciopelo negro azabache, decorado con bordados arabescos de color rojo y perlas.

O el vestido de tul negro de Lanvin, decorado con lunares de terciopelo color crema, inspirado de los trajes de flamenca. "Muchas veces se dice que, internacionalmente, los diseñadores extranjeros han bebido, y han estado más orgullosos de lo español que nosotros mismos", explica Raúl Marina.

Una situación que según él está cambiando, con el regreso de códigos heredados de la religión y otras tradiciones. Palomo Spain, diseñador del colorido vestido de motivos florales que Beyoncé lució en julio de 2017 en su primera foto con sus gemelos recién nacidos, llevó a la exposición un vestido blanco de seda con volantes en los puños y el cuello. A su vez, el vestido de Leandro Cano, de motivos florales y en forma de tutú, se inspira de los códigos estéticos del reinado de Felipe III.

Un despertar

La consultora de moda Marta Blanco explica que se ha producido todo un "despertar" en una industria marcada durante mucho tiempo por el prejuicio de que "todo lo español sonaba a franquista". Cuarenta y tres años después de la muerte del dictador, "Leandro Cano puede nutrirse de la corrida española, del imaginario religioso (...) sin que suene a facha" (fascista).

El despertar se está dando también entre los consumidores, orgullosos de su país por razones tan variopintas como los éxitos del chef Ferran Adrià o el tenista Rafael Nadal, la omnipresencia de Zara o las victorias de la selección de fútbol en el Mundial de 2010 y las Eurocopas de 2008 y 2012. "Esto te crea un empoderamiento", apostilla Marta Blanco. "Ferrán Adrià nos quito los complejos, y ahora está pasando con la moda".(AFP)

 

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